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ArtCover por La Mamarracha

Por Victor Fernández

Honrar el futuro no es imaginarlo mejor, sino saber qué hacer con los antiguos enemigos. José Martí

¿Cómo nacieron las Ovejitas Malas del Partido?

Para finales del 2020, el 84% de los miembros del gobierno cubano y todos sus apéndices tenían más de 75 años. La cosa cambió en el 2021, después de las revueltas provocadas por el incremento de la pobreza extrema y moderada que llegó a alcanzar al 89% de la población nacional. Luego de la revuelta, variante por la que ningún analista se decantaba con absoluta seguridad, se conformó un gobierno de facto integrado por las secciones más poderosas durante la última fase del levantamiento.

Así, de repente, Cuba tenía un gabinete conformado en un 80% por fascistas de izquierda, un 12% de democristianos, un 2% de neonazis caribeños y el 8% restante por la unión de organizaciones disidentes históricas.

El primer plan aprobado fue el de paredón a los dirigentes de primer nivel y la defenestración a los dirigentes de segundo y tercer nivel del otrora Partido Comunista de Cuba. Al ser el primer plan propuesto y aprobado en medio de una revolución efervescente, fue apoyado por unanimidad según los medios oficialistas de la nueva Cuba.

El Plan de Paredón y Defenestración se basaba en la antigua Ley de Talión. Por supuesto, en seguida comenzaron a surgir huecos legales y la inmensa mayoría izquierdo-fascista fue la encargada de elaborar una ley que le prohibiera al nuevo Estado contratar a estas personas. Estaban obligadas a entregar todas sus propiedades y bienes defalcados en sus años de servicio al gobierno de la antigua Cuba y los bancos no podrían hacerles préstamos. De igual manera, esta ley no solo alcanzaba a las instituciones, sino que sancionaba gravemente a cualquier ciudadano común que les prestara ayuda de cualquier tipo.

Por suerte para estos ancianitos defenestrados, comenzaron a entrar en Cuba de manera apoteósica la industria del juego y la prostitución. Al volverse esta isla mucho más divertida y menos peligrosa, se empezó a notar una variedad inmensa de locales que satisfacían cualquier tipo de turismo sexual. Uno de estos locales fue llamado las Ovejitas Malas del Partido y en su menú principal se encontraban antiguos miembros del Partido Comunista de Cuba. En las Ovejitas Malas del Partido había un bar y dos pasillos con seis pequeñas habitaciones cada uno, dentro de estas se ubicaba un glory hole por el cual tu ovejita mala del partido te proporcionaba el servicio que desearas. Bien podía ser una felación partidista, una paja del Tercer Frente (dicen que el reuma es genial para eso) o lo que se te ocurriera.

Todos estos viejitos defenestrados comenzaron a trabajar ahí. Al principio les costó trabajo aceptar su nuevo destino, pero no hay nada a lo que el ser humano, y sobre todo una ovejita mala del partido, no se acostumbre. Hay historias sobre la primera vez que Ramón Manchado de la Ventura tuvo que mamársela a un americano, dicen que le dio un infarto, pero tranquilos, sobrevivió. O Esteban del Lazo, que descubrió que su verdadera vocación era hacer pajas. Incluso, llegó a ser empleado del mes en varias ocasiones. Por ahí pasaron también Brüno Rodríguez Barilla, Leopoldo Cinta Fría, Álvaro López Noera, Ramón Espinaca Martín, Salvador Valdosa Mesa y todos los dirigentes de primer nivel que esperaban su turno al paredón.

¿Cómo terminaron las Ovejitas Malas del Partido?

El matrimonio de Matilde Jiménez, ex coordinadora de los CDR en el municipio 10 de Octubre, y Heriberto Ramón Gutierrez, ex presidente de la dirección política del INDER en el municipio 10 de Octubre, estuvo a punto de enfrentar una condena por desvío de fondos. Debido a la avanzada edad de los delincuentes no fueron sentenciados con tiempo en prisión, solo tendrían que pagar los 8 millones de pesos que habían robado en su momento y si no les alcanzaba la vida, pues sus hijos y sus nietos tendrían que pagarlos. Por otro lado, su edad y el haber sido por más de treinta años miembros del Partido, los hacía candidatos perfectos para las Ovejitas…

Matilde y Heriberto se acostumbraron rápido a su nuevo trabajo. Encontraban el glory hole intrigante y fabuloso. “Mira que a los capitalistas se les ocurren cosas”, decía Matilde cada vez que aparecía un pene por el orificio. Heriberto, por su parte, tuvo problemas con varios clientes que se quejaron porque la dentadura postiza les dañaba el pene, a lo que contestó agregando una oferta más a su menú: felación sin dentadura.

Por un tiempo estuvieron bien. Vivían en un cuarto rentado en las afueras de La Habana con lo mínimo indispensable, tampoco es que hubieran tenido una vida demasiado diferente en el pasado, a pesar de los 8 millones. Lo que cobraban en las Ovejitas Malas del Partido, a pesar de ser menos del salario mínimo permitido por el gobierno de la nueva Cuba, les alcanzaba para hacer varias cosas a las que desde hace décadas se habían vuelto adictos, cosas muy oscuras y de difícil descripción. Y, por último, aunque ellos habían dado su vida social por terminada, con este salario podrían pagar su deuda con el nuevo Estado en unos nueve o diez años.

Pero como el mundo es mundo, existe la rara posibilidad de que el que ha hecho daño lo pague. Matilde y Heriberto fueron los primeros en contagiarse de una enfermedad cuya reacción era el crecimiento indiscriminado de yagas en el cielo de la boca. Al parecer la enfermedad fue introducida en el país por un grupo de turistas nicaragüenses que frecuentaron todo tipo de locales de prostitución. El recién nacido gobierno prestó atención médica a los trabajadores sexuales que no entraban dentro del Plan de Defenestración, cosa que no evitó que pronto se volviera una pandemia. Los trabajadores de las Ovejitas Malas del Partido, al tener altas deudas que pagar, ejercían la prostitución fuera del horario y las zonas establecidas, aunque esto pudiera representar nuevas multas y la aseveración de sus situaciones legales.

En el ambiente de desestabilización que se vivía en Cuba producto de la “pandemia nicaragüense” (como empezó a ser llamada), una facción ultra radical pro vida del grupo mayoritario de fascismo de izquierda llevó a cabo una serie de atentados a locales de prostitución para detener la propagación de la enfermedad. Uno de estos locales fue el de las Ovejitas Malas del Partido, al que entraron kamikazes de esta facción ultra radical con conectores ubicados en el pene, los cuales activaban bombas que traían pegadas al cuerpo. Los primeros en hacer detonar estas bombas fueron Matilde y Heriberto.

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Revista cubana de cosas que te callas

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